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El maestro también puede ser un bully

Durante un recorrido en un colegio local, encuentro un niño con la cabeza baja, sus brazos descansando sobre el pupitre y dibujando garabatos; es un alumno de preparatoria que está en “tiempo fuera”, viendo hacia la pared y dando la espalda al resto de sus compañeros mientras la maestra imparte la clase. Ambas son maneras de disciplinar conductas inquietas en las aulas tradicionales, una forma de normalizar estudiantes. Le pregunto a la maestra, luego de la clase: “¿Por qué está aquel niño de espaldas y retirado del resto de sus alumnos?” Ella responde: “Está castigado. Termina muy pronto el trabajo. Siempre está platicando, siempre está preguntando; se inquieta demasiado y distrae a sus demás compañeros. No puedo estar pendiente solo de él, tengo otros 30 alumnos”.


En El Salvador, como en la gran mayoría de países de Latinoamérica, el modelo actual basa la educación en la excesiva intervención del maestro en el aprendizaje, siendo éste el protagonista y centro; poniendo restricciones y castigando cuando los objetivos no se cumplen. De esta forma, nace el miedo y el rechazo al colegio. Nuestro sistema educativo recrea muchas pautas del movimiento conductista del 1913, mediante el cual se realizaban experimentos con animales para modificar su conducta a través del miedo. El educador, el maestro, es sinónimo de capataz, jefe, dictador. Para este tipo de educadores, lo ideal sería no motivar al niño, sino que fuesen ellos mismos los que eligiesen qué quieren estudiar, qué es lo que verdaderamente les atrae.


Me parece que esto sucede de alguna manera en todos los ambientes educativos, pero ocurre con más insistencia en las instituciones privadas, donde es más cuestión de voluntad, que falta de recursos, actuar bajo una visión innovadora y humanista ante la labor educativa. Tienen temor a que un poco de libertad educativa genere indisciplina; ignoran que cortando las alas a los estudiantes se favorece que no tengan voluntad propia, ni logren una consciencia real de su futuro papel como adultos en una sociedad lacerada por guerras, violencia, pobreza, gobiernos incapaces de evitar y castigar el desfalco público, falta de espacios de recreación, desarrollo pleno del arte, la cultura, la literatura, la Ciencia y la falta de memoria histórica. Una sociedad que perdona todo por unos pocos incentivos recibidos en las campañas electorales.


No juzgo al magisterio, cuestiono su verdadera inclinación por enseñar. Sus principios, sus desapegos, sus frustraciones; los nulos espacios que los gobiernos han creado para que los maestros puedan sobresalir y tener una vida digna. Los maestros de las escuelas públicas en El Salvador son parte de la población peor remunerada y sumamente incomprendida. Los recursos para las escuelas más recónditas de nuestro país, son casi inexistentes. El actual Gobierno tiene un enorme reto y una gran oportunidad para demostrar su voluntad de transformar esta realidad y tomar acciones serias, comprometidas, ineludibles e improrrogables. Esto es simplemente el producto de administraciones públicas que por décadas se han dedicado a diseñar estrategias panfletarias, mientras el monstruo de la corrupción se acrecienta y absorbe la riqueza económica del país, negando verdaderas oportunidades a instituciones que trabajan por la educación y la protección de la niñez y la adolescencia.


No dudo que todas estas condiciones, aunado a la falta de criterio y voluntad para desarrollar su trabajo como guías y educadores en la escuela, convierten al maestro en el punto de quiebre para la credibilidad del sistema educativo actual. Es una serie de factores psicológicos, personales, intelectuales, humanos, lo que dificulta que el papel del educador sea óptimo para guiar y preparar significativamente a los futuros adultos de nuestra sociedad.


Tomando las riendas de una nueva educación El elevado índice de deserción escolar, la violencia, el bullying y el trabajo meramente mecanizado en la mayoría de escuelas, son algunas de las razones por las que han tomado fuerza, cada vez más, los principios y prácticas de la educación alternativa, por medio del Homeschooling y el Unschooling, entre otras formas de innovar, para comprender y construir una verdadera educación consciente, donde el guía o educador tiene un papel fundamental, mas no es el protagonista del aprendizaje: el centro es el niño.


Ante un sistema parlante, inflexible y sordo, no es de extrañar que se ponga en entredicho la enseñanza y la calidad de los contenidos que se están tratando en los distintos niveles, en la mayoría de escuelas y colegios. Y, por lo tanto, tampoco sorprende que cada vez sean más los padres que deciden educar a sus hijos en casa bajo sus propias premisas, tanto en el ámbito académico como en los aspectos relacionados con la transmisión de valores. Está claro que las aulas se están convirtiendo cada vez más en una mera evaluadora, en donde lo único que importa es la transmisión de los conocimientos, sin importar demasiado si los alumnos de verdad están comprendiendo los contenidos.


Pero el descontento con el sistema educativo no es la única razón por la que muchos padres eligen el homeschooling como alternativa a la educación tradicional. La principal característica de este tipo de educación es que los padres son los encargados, sin delegar ningún tipo de función sobre el centro educativo, es decir, ellos se encargan de la educación integral de sus hijos e incluso de su evaluación.


Entre las dudas más frecuentes sobre la viabilidad de este modelo educativo, los padres se preguntan: ¿los niños de verdad aprenden igual que los demás? ¿Son felices sin jugar con otros niños? La respuesta es la misma para ambas: depende de la estrategia que los padres establezcan. Educar en casa es una responsabilidad inexorable y conlleva un doble filo. El que los hijos estudien en una casa no significa que vivan en una burbuja de la que no pueden salir y que sólo se relacionan con sus padres, pero tampoco quiere decir que el colegio no sea un foco de socialización eficaz. En todo caso, es una realidad que muchos padres de familia están adoptando el papel de educadores y consideran la enseñanza humanizada como la única manera de combatir el estrés escolar, los índices de suicidio infantoadolescente, la promoción de verdaderos valores humanos para futuros científicos, políticos, empresarios, padres de familia y, sin duda, educadores. Todo ello ocurre ante la poca confianza hacia los maestros, pues incluso ellos mismos son perpetradores de acoso escolar.


Escuelas alternativas: rompiendo barreras  

Actualmente, dirijo y participo directamente del trabajo que se desarrolla en dos escuelas alternativas en San Salvador. Estos no son los primeros esfuerzos en educación alternativa en nuestro país; hay varios proyectos que trabajan con una visión diferente en el ámbito educativo, y no dudo que se están gestando muchos otros. Fundar estos proyectos fue consecuencia de la propia experiencia de mis 3 hijos, y creyendo que si un niño, dos o tres, rindieron mejores frutos con un modelo alternativo, ¿por qué otros no podían tener el mismo beneficio, la misma oportunidad? Fue así que se crearon espacios para una comunidad de padres e hijos que, junto a un equipo de guías pedagógicos, con una concepción diferente de educación, decidimos empujar con fuerza y determinación, una práctica aislada de las rutinas convencionales. Como bien dice Salman Khan: “La escuela tradicional no responde al funcionamiento del cerebro, las redes neuronales funcionan con la asociación de ideas, no con temas estancados”.


En ambos proyectos, la figura del educador no es la de un jefe, es la de un guía. Los niños son el centro del aprendizaje. El educador brinda las herramientas, el tiempo, los recursos, pero los alumnos van construyendo, junto al maestro, una visión unificada de lo ya existente, con lo que ellos van creando en el transcurso de su desarrollo. Es una combinación de pedagogías y métodos adaptados a las necesidades de los estudiantes, tanto en el aspecto individual, como colectivo.


En uno de los proyectos, las aulas son integradas, con base en la estructura Montessori y su instrumento de evaluación es a través de ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos). El examen estandarizado no es protagonista, es un recurso adicional, transformado por los educadores en una prueba de dominios y destrezas adquiridas, en ciertos períodos del año escolar. Las jornadas incluyen mindfulness, yoga, lenguaje de señas, programas inclusivos, Escultismo (programa scout escolar), orientación vocacional, entre otros, como complemento a la formación integral, tanto académica, como en valores.


El segundo es un proyecto alternativo de educación parvularia, basado en pedagogía verde. Todo el trabajo de reciclaje, clasificación de desechos y reducción de materiales dañinos al medio ambiente, es gestionado por los niños, con guía de sus educadoras y con apoyo de instituciones que asesoran al respecto. Este pretende ser un proyecto educativo verde con basura cero, que busca el desarrollo sostenible, aunque estamos conscientes de que nos enfrentamos a muchos obstáculos que se derivan de la cultura ambiental actual, las prácticas de la industria y la economía.


En ambos grupos pedagógicos, la educación es personalizada y el acercamiento para el avance individual es definitivamente cercano a la participación de los padres de familia. Si buscamos una figura para estos proyectos, podemos decir que tenemos dos grupos pedagógicos con un perfil de homeschooling colectivo, cuyo intermediario pedagógico ya no son los padres, pero sí unos guías que trabajan junto a ellos en la ejecución de las currículas, y que tienen la preparación académica necesaria. El reto para este tipo de educación es grande. No es un trabajo sencillo, también existen distracciones, desvíos, errores.


Conscientes de que la autoevaluación es vital en este tipo de enseñanza, así como el involucramiento de los padres de familia, desde 2017 se han realizado dos encuentros de educación alternativa, que ha congregado a más de 300 personas interesadas en esta práctica. La última, en junio de 2019.


Finalmente, considero importante aclarar que cuando hablo de la semblanza del sistema educativo tradicional, lo hago en términos generales y a partir de mi percepción personal. Hay excelentes maestros; educadores realmente comprometidos, que solo buscan un espacio que les permita trabajar en libertad. No se trata de promover, ni desatar una guerra contra el sistema educativo actual, sino de transformarlo, acogerlo, brindarle herramientas para su reingeniería. Los colegios tradicionales, simplemente, no son para todos los niños; asimismo, la escuela alternativa no es para todos tampoco. De hecho, no hay escuela o colegio perfecto. La escuela ideal es aquella que hace brillar a un niño durante todo su proceso de crianza y aprendizaje en el medio colectivo, hasta despuntar a la educación superior y el emprendimiento. La solución no es dividirnos, es juntar esfuerzos, sea cual sea su origen.


No se trata de malos o buenos; se trata de hacer consciencia sobre el papel de las instituciones y los educadores, que son determinantes en el desarrollo intelectual, emocional y social de las personas en su etapa crítica de la infancia, la niñez y la adolescencia. Tengo expectativas importantes: que el Ejecutivo vuelva su mirada hacia garantizar una verdadera educación para nuestros niños, la única verdadera esperanza de El Salvador, y que nunca más alguien encuentre nuevamente a un niño viendo hacia la pared, castigado por ser curioso e inquieto, como yo encontré a mi hijo hace 6 años, en su aula de preparatoria.


Claudia Lorena Turcios es fundadora de Los Castaños Alternative Education y American Green School, promotora de la educación alternativa en El Salvador y representante oficial de la West River Academy de Estados Unidos.



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