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Nuestro verdadero reto como padres en 2020

Cuando observamos a nuestro alrededor, tenemos la triste impresión de que estamos viviendo una verdadera pesadilla. Tenemos la fatídica idea de que este es el peor año de la historia de la humanidad. Que los Mayas se equivocaron y que el fin del mundo no fue el 2012, sino el presente año. Incluso vemos al futuro y creemos con toda seguridad que recordaremos este año como una verdadera catástrofe. Si bien es cierto han ocurrido una serie de eventos desafortunados, una cosa es muy cierta: y es que, como adultos, tenemos la capacidad, el control y el deber de lograr que este recuerdo no sea negativo para nuestros hijos.


Los niños son, en principio, nuestra responsabilidad. Somos responsables de su aprendizaje; de su desarrollo físico, cognitivo y emocional; y es sobre este último en que he de enfocarme.


Luego de más de 100 días dentro de casa, nuestros hijos han tenido que adaptarse a un nuevo estilo de vida. Muchos están, incluso, felices de tener a sus padres en casa, situación que era imposible en la rutina acelerada que solíamos llevar. Estábamos tan inmersos en los cotidiano, que creíamos que aquellas muchas cosas que nos ocupaban eran importantes y urgentes, y hoy nos percatamos que lo esencial está en casa, listo para darnos una sonrisa, para darnos fuerza. Esta es, sin duda, la mejor oportunidad para proteger a nuestros hijos de todo aquello que pueda contaminarlos. Y no hablo del virus, hablo de contaminación psicológica. Es nuestra mejor oportunidad para hacer una verdadera burbuja protectora para que ellos no perciban este ambiente estresante en el que los adultos vivimos.


Por ejemplo, no necesitan ver ni oír noticias, necesitan un juego de mesa cada día. No necesitan enterarse de los números fríos del conteo de casos, necesitan un cuento cada noche. En definitiva, ni siquiera necesitan realizar decenas de tareas escolares, necesitan saber que su maestra/o les envía un abrazo, un beso y que se alegra de que le muestre su mascota o su juguete favorito.


Tenemos la capacidad de lograr que, cuando nuestros hijos recuerden el 2020, lo recuerden como aquel año en que, gracias a un microscópico virus, su familia estuvo para ellos, presente, amorosa, paciente. Que cuando los hijos de sus hijos les pregunten “¿Qué pasó en el 2020?” ellos puedan responder con toda certeza: “fue el año en que la humanidad cambió, un hogar a la vez”.


Vale la pena, pues, volvernos ese escudo protector. Lo lograremos si nosotros mismos nos protegemos del entorno contaminante que nos acecha. De enterarnos de lo básico, pero no dejarnos bombardear por noticieros o dimes y diretes políticos. Cuidemos nuestra psique también, teniendo terapia ocupacional, un hobby, el trabajo, los quehaceres domésticos (los cuales por cierto también pueden ser terapéuticos para los niños) o cuidar una mascota. Toda actividad que nos genere emociones positivas, serán como el agua y el sol que nuestros hijos necesitan para crecer saludablemente en casa.


Onelia Cristina Estrada

Psicóloga Educativa

Fundadora de Mi Espacio Psicoeducativo

Cordinadora Pedagógica de American Green School



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