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La Creatividad: una herramienta fundamental en la educación

Actualizado: jul 10

La Lluvia de fondo, el olor a café y las risas de mis vecinos, de unos 8 años de edad, jugando en su patio, me hacen volver quince años atrás. La educación para mí fue una tortura; una competencia por igualar a la compañera que siempre sacaba un diez y recitaba la oración a la bandera salvadoreña de memoria, ¿Por qué yo no podría ser como ella? ¿Por qué me costaba tanto aprender fórmulas? ¿Por qué no recordaba al poco tiempo lo que había leído y no lograba responder acertadamente en mis exámenes? Yo dedicaba tiempo al estudio, pero amaba más los recreos; aquellos juegos que me sacaban carcajadas y donde, por fin, éramos todos iguales, ¿Por qué solo recuerdo a mi maestra de tercer grado? Una señora de 70 años, muy alegre y que se preocupaba porque aprendiéramos las tablas de multiplicar con canciones que ella misma cantaba. Por las tardes, hacía tiempo y a quienes se nos hacía difícil aprender, nos reunía en su casa para una tutoría. Recuerdo también a una maestra de cuarto grado, de no más de 30 años de edad. Solamente nos acompañó un año, pero nos marcó a todos: nos cantaba también y les pedía permiso a nuestros padres para llevarnos de viaje al parque. También recuerdo cuando se fue de este mundo para convertirse en un ángel. Ellas, en medio de ese exigente y duro mundo del estudio y las calificaciones, hicieron la diferencia. Crecí y, en el bachillerato, aún me inundaba esa sensación de que la competencia entre todos era el modo de vida. Sentía la misma inseguridad en mí misma: ¿Qué es lo que quiero ser y hacer cuando termine la escuela? Pensaba en que debía escoger y hacer algo perfecto; algo perfecto para mi vida. Por fin llegué a la universidad y me preguntaba también si la carrera universitaria que escogí era tan buena como creía, por el hecho de considerar que también sería rentable en el futuro. La misma sensación de confusión persistía desde siempre. Los esquemas para medir a los alumnos, siempre marcaron en mi vida la importancia de la competencia, de quién era mejor. Al mismo tiempo, no lograba hacer amistades profundas fácilmente. Es por ello que, de 500 compañeros universitarios, únicamente tres fueron y siguen siendo mis amigos. Pasaron tres años más en esta historia, hasta que toqué fondo. Caí en la cuenta de que realmente quería sentirme feliz desarrollándome intelectualmente, pero el sistema educativo siempre me impuso una figura autoritaria y competitiva, a través de los maestros y mis propios compañeros de clase. Es difícil pensar en todo lo que el sistema educativo afectó mi vida. A muchos les funciona un método tradicional competitivo, exigente e inflexible, pero sé que a muchos niños y adolescentes no; sé que muchos han vivido y viven lo que yo viví y callé en el transcurso de mi vida. De algo estoy muy segura: las profesoras que antes mencioné dejaron una huella en mi vida, porque fueron las únicas que escogieron una manera diferente de enseñar y educar; se inclinaban por la creatividad y moldearon el contenido a la necesidad de cada niño. Si las materias como matemáticas se acoplaran al ritmo del alumno, y las fórmulas y ejercicios en toda una pizarra de tres metros de largo se transformaran en una melodía, veríamos más sonrisas que ceños fruncidos. Cito a mi actual maestro y Director universitario, Peter Childs, del Imperial College London: "La creatividad no es la capacidad de crear algo de nada, es la capacidad de generar nuevas ideas, combinando y aplicándola a ideas existentes". Si hablamos de cálculo, sabemos que el tema debe llevar concentración, mucho estudio y repaso por parte del alumno, porque son problemas matemáticos, pero ¿qué tal si lo combinamos con herramientas creativas para lograr el aprendizaje de forma eficiente, reduciendo, a la vez, el estrés en los alumnos?


Durante esta pandemia, el tiempo nos ha permitido pensar, reflexionar, recapacitar; de realmente amar la vida. Nos ha unido pero, también, nos ha alejado. Los abordajes solamente son virtuales. Nos tomamos el tiempo de ver el cielo, escuchar los pájaros, disfrutar de una buena taza de café y hasta terminar lo que nunca terminamos antes, como pintar o reparar cosas en casa: ahora, hasta hemos aprendido a ser fontaneros o carpinteros. Peter Childs dice, también: "La necesidad es la madre de la invención". La principal fuerza motriz para la mayoría de las nuevas invenciones es una necesidad, pero ¿quién es el padre entonces? Se podría decir que la oportunidad es el padre de la invención que presenta la necesidad, y el resultado de este. Ahora, a golpes, nos hemos vuelto más creativos; los niños y jóvenes lo demandan, lo necesitan en el estudio, como en todo. Hemos aprendido a hacer el tiempo para cada tarea diaria; somos más organizados y hemos adquirido nuevas habilidades que no conocíamos. La creatividad va de la mano en nuestra vida diaria, así como también debe de ser una herramienta fundamental en la educación de nuestros niños y jóvenes.


¿Por qué, entonces, el sistema es tan riguroso y no comprende al arte como una metodología clave para el aprendizaje? ¿Por qué debemos sentirnos agobiados y cansados? ¿Por qué un niño debe llegar a ser lo que sus padres o sus maestros desean? ¿Por qué enseñar siempre de la misma manera? Las preguntas las dejo para nuestra reflexión.


Un texto de

Vanessa Mejía

Guía pedagógica de Arte y Diseño Gráfico Digital

Los Castaños El Salvador Alternative Education



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