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¿Cuándo está preparado un niño para aprender a leer y escribir? Rompamos paradigmas.

Actualizado: ago 4

Conocido comúnmente como lectoescritura en nuestro ámbito social-educativo, la lectoescritura es el el proceso mediante el cual el individuo aprender a leer y escribir. Lastimosamente, en nuestra sociedad se enseña por costumbre y de forma estandarizada, que los niños a sus 4 o 5 años, inicien el proceso de lectoescritura. En la actualidad, muchos padres de familia se frustran cuando su hijo llega a la Parvularia 6, o mejor conocida como preparatoria, y tiene problemas del aprendizaje; y es aquí que se debe transformar este pensamiento y cambiarlo a un enfoque donde la pregunta de punto de partida sea ¿Qué necesita haber desarrollado un niño o niña para aprender a leer y escribir?


Se nos olvida, o desconocemos, que los primeros años de vida son los más cruciales en el ser humano, puesto que en ellos se forma la base de diversos procesos, conocimientos, actitudes y comportamientos de toda la vida de una persona. Antes de que el niño aprenda a leer se debe comprobar que éste ha logrado adquirir todas las habilidades y destrezas requeridas para ello, en un proceso amable y humanizado.

Es importante, antes de continuar, enfatizar en que el proceso de aprendizaje de cada persona es diferente, por diversos factores como el ambiente, la manera de percibir el mundo, o el estilo de aprendizaje que éste posee. Es así, que si un niño aprende a los 5 años a reconocer los vocales, no quiere decir que un hermano, familiar, amigo o conocido lo sabrá hacer al mismo tiempo; cada proceso de aprendizaje es distinto en cada niño y es vital tenerlo siempre presente.

Entonces, para partir de la idea de que se debe conocer si el estudiante ha logrado desarrollar todas las habilidades previas a la lectoescritura, se debe comprender un poco de esto, y menciono ciertos puntos a tomar en cuenta, como por ejemplo:

  1. El cerebro infantil está en constante mielinización, es decir, el proceso por el cual se forman las vainas de mielina en los axones. Los axones son, en palabras sencillas, una extensión de nuestras neuronas y cumplen la función de generar conexiones con otras neuronas, por lo que las vainas de mielina se encargan de que la información que una neurona manda hacia otra, se envíe y se reciba de forma rápida y eficiente. Dicho proceso ocurre en la sinapsis. Es un canal de comunicación entre neuronas; es decir, cuando nuestro cuerpo percibe cierta información que entra por medio de los sentidos y estos mandan una señal a los neuronas; y estas, a su vez, crean conexiones de envío de información, para transmitir y almacenar la Los procesos biológicos y neuronales, como la plasticidad cerebral y la poda sináptica, se desarrollan en los primeros años de vida de un individuo, por lo que en el cerebro del niño suceden procesos sumamente importantes que, si aún no están finalizados, pueden afectar o llegarse a retrasar otros procesos.

  2. Según estudios, aproximadamente a los 7 años, el cerebro humano ha logrado establecer el mayor porcentaje de dichos procesos (considerando siempre que cada niño es un mundo, por lo que no quiere decir que la edad para leer perfectamente será justamente a los 7 años para todos los niños) por lo que de esto se parte para que el cerebro pueda ser capaz de afrontar procesos cognitivos más complejos, como la lectura y la escritura.

  3. Lo mencionado anteriormente, abarca aspectos biológicos del desarrollo infantil; pero, además, habilidades o destrezas, como la sensorialidad, motricidad gruesa y fina, expresión oral, ritmo y canto, entre otros, que es fundamental estén muy desarrollados, para que el niño inicie su proceso de lectura y escritura. De hecho, se dice que entre los 6 a 7 años, el niño es un lector emergente. Luego, entre los 7 a 8 años, éste se convierte en un lector primerizo y, a partir de los 9 – 10 años, se convierte en un lector fluido primerizo.


Por tanto ¿Por qué apurar o adelantar el proceso de lectoescritura en el niño? se debe saber esperar, acompañar y guiar el proceso, tanto por parte de los docentes y padres de familia, como del mismo niño.


Aquí es importante mencionar que este proceso es más fácil con dos factores:

Uno de ellos, donde participan como agentes presentes los docentes y padres, en cuanto al cuidado de las experiencias, puesto que el cerebro aprende por repetición e impacto emocional; es decir, que lo esencial es potenciar un ambiente o experiencia placentera o enriquecedora, puesto que dependerá de cómo el niño perciba emocionalmente dicho proceso, la asimilación del mismo. Por otro lado, está comprobado por parte de la neurociencia, que cuidando las experiencias y el entorno, dará como resultado un buen impacto emocional. Recuerdo muy bien que cuando estaba por finalizar mi preparatoria, en un colegio con educación tradicional, no pasaría de grado si no aprendía a leer y escribir. Ese recuerdo está marcado por la preocupación de retrasarme y descontinuar mi aprendizaje al lado de mis compañeras. Al final, logré aprender y pasar a primer grado, pero son acontecimientos que marcan la vida de un ser humano, puesto que se asimilan a través de la percepción emocional. Por ello, es necesario recordar, como se mencionaba, que hay que tener paciencia a cada estudiante, acompañarlo en su proceso personal y único de aprendizaje. Siempre creeré que no importa en sí el resultado, pues el recuerdo almacenado será el proceso por el cual se llegó a la tan ansiada meta.


“Solo el niño puede guiarnos y puede hacerlo solo después de que hayamos preparado nuestro ser interno para poder seguirlo” -. Maria Montessori.


Marta María Rivera

Estudiante de Psicología y Educadora

Guía pedagógica en Los Castaños Alternative Education






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